El cura y la cota
Mi problema no es con la fe. Cada uno sabe en qué cree o deja de creer. Mi problema es con la relación, el vínculo, la vocería, el púlpito como situación de privilegio y el sacerdocio como figura pública de represión moralizante. Sea de la corriente que sea. Me molestaba Hasbún y me molesta Berríos con su religiosidad CVX, buena ondita para el cuico que se cree bueno porque le tiene cariño a los pobres y le va a construir casitas el wikén. Me molesta el rol de cura bisagra entre el patrón y el pueblo, el cura como fenómeno paternalista, con esa jerarquía endulzada en conciencia social de punta roma que le habla al oligarca por el diario y cacarea su choreza consolando al deudo-pituco para que no vaya a dejar de creer en dios y la virgen, la misa, la confesión y la cacha de la espada que de repente se transforma en un asunto político, público, con funeral de portada y luto de noticiero. Me molesta ser feligrés a la fuerza, que lo metan a uno en misa a punta de columnas, cartas al director y polémica abc1. No quiero estar ahí porque una sociedad que recurre al cura para que dejen de matar gente, que recurre al cura para que dejen de abusar de la gente, para terminar con la huelga y la explotación, es una sociedad que no se mira ni se conoce y que para convivir tiene que recurrir al médico brujo institucionalizado.
Me molesta que Berríos se haga el demócrata cuando uno sabe que lo que busca finalmente es arrebatarle al Opus Dei y a los Legionarios al rubio del colegio bien y llevarle a conocer al pobre para secuestrar el poder perdido. Transformar todo en un paternalismo igual/pascual pero en buena, con retiros, canastas familiares y rubios sacándose fotos mientras martillan tablas aglomeradas de la mediagua/logotipo.

