Acrósticos
Yo tuve una compañera que se llamaba Gema que tenía un cuaderno de eso que la adolescente llama pensamientos, oraciones llenas de sabiduría espontánea, generalmente con puntos suspensivos, escritas con caligrafía cuidad y embellecidas por soles, lunas, flores y corazones. La Gema era melenuda, con el pelo de un color amarillo reseco, flaca, pierna larga y huesuda, tenía la frente con espinillas y era amiga de la Nancy apodada la vietnamita por sus acusados rasgos sudasiáticos (en esa época no existía la expresión Camboyana, que seguro hubiera sido la utilizada por mis compañeritos). La mayor parte del colegio se burlaba de ambas, aunque el blanco favorito era la Gema que una vez anunció su vocación de modelo ("tengo el porte", creo que fue que dijo). La Gema creía en fuerzas astrales y en poderes sobrenaturales que se lograban estudiando unos folletos que siempre llevaba en la mochila. Ella aseguraba haber salido de su cuerpo a recorrer el mundo o Chile o simplemente Curiyork, que era cosa de mentalizarse tendido en silencio con un cassette de mantras de fondo. A mi ella me provocaba curiosidad y le metía conversa porque quería ver qué tanto anotaba en los recreos o a la hora de almuerzo cuando se quedaba sola, porque la Nancy la aguantaba poco y la Gema era muy dada al ensimismamiento. El cuaderno donde tenía los pensamientos mi compañerita era un Aristos de espiral sin plastificar que se le rizaban las puntas, el tipo de cuadernos del que el resto se burlaban porque lo que se llevaba el cuaderno Torre doble espiral con tapa dura y color fosforescente. El cuaderno estaba bien gastado porque la Gema reflexionaba mucho. Le gustaba hacer acrósticos que formaba con los nombres de los chiquillos que le gustaban y palabras que ella consideraba muy serias como "amor"; "dolor"; "ternura" y otras por el estilo. La Gema me mostraba sus escritos y a mi me daba verguenza ajena y risa, pero me la aguantaba un poco, no mucho. Como que trataba de contener la carcajada en una mueca y para despistar la burla le preguntaba cualquier lesera. Después me entraba un poco la culpa, mal que mal uno no era lo que se dice el popular del grupo-curso y debiera haber solidarizado más con ella. Pero lo más inquietante de todo era cuando me surgía la duda: ¿Y si la Gema era una artista? ¿Si lo que yo juzgaba fruto de una mente simple, quizás algo enferma, no era más que sensibilidad fuera de mi alcance?
A veces, no crean que pocas veces, yo me cuestiono a mi mismo, así internamente me hago mi propia accountability como dicen los que saben y saco conclusiones. Trato de despojarme de todos los pesados prejuicios, someterme a mis propios tribunales y dar un veredicto. Es como mi propio Ramadán, mi retiro laico, monacal, al estilo de Yasna pero con menos cruces. ¿Y si todas mis convicciones están erradas? ¿Si realmente el Campeonato Mundial de Polo es algo importante y uno de puro resentido no salió a celebrarlo a la Plaza Italia...o si abortar no es un derecho de la mujer y es un crimen (una vez casi armo una colecta para una amiga de colegio que tuvo un atraso sospechoso y no me dio ningún cargo de conciencia)?; ¿Y si Warnken escribe bien?;¿Y si la Gema de verdad salía de su cuerpo?



