Yo tengo una tía fea, antipática, pero moderna. Al menos eso pensaba yo de ella cuando era niño y veía que fumaba, que decía garabatos y se sentaba en el suelo. Es la hermana de mi mamá, que contrariamente a ella no fumaba ni se sentaba en el suelo ni nunca nos enseñó a mi o a mis hermanos como se hacían las guaguas. Mi tía en cambio sostenía todo tipo de conversaciones con su marido en frente de sus hijos, hablaba de "sexualidad" como quien domina el secreto para la sanidad mental de los niños y tempranamente le reveló a mis primos que el pilín tenía un nombre oficial, científico que no era tulula. Igual de corto y ridículo, pero adulto.
Cuando éramos niños mi tía se tumbaba con un cigarrillo y con un café y discurseaba con una voz de susurro, aguda y punzante como esas voces que les ponen a las serpientes en las películas bíblicas. Mi mamá la detestaba pero fingía algo parecido a al trato cariñoso que se esfumaba apenas mi tía o ella salían de la misma habitación.
Mi tía tiene una hija, mi prima, que es rubia por parte del padre, que callado y quieto se ve normal y hasta buenmozo. La pena es que mi tío habla y opina, pese a que mi tía trata de copar los silencios para que eso no suceda. Ser rubia entre morenos pronto tuvo repercusiones en la psiquis de mi prima y la transformó en una criaturita déspota y maleducada. "Fíjate como agarra el tenedor" me decía mi mamá que era picota y no se conformaba con que su hermana fea tuviera el privilegio de haber parido la única rubia de la familia. Mi prima nunca aprendió a tomar bien los cubiertos, ni a moderar el tono de voz, ni a sentarse como corresponde sin desparramarse en los sillones. Por ella hubiera comido con la mano, total era rubia y medianamente bonita. Pero como mi tía era fea no se conformaba con que su hija fuera rubia. Quería que fuera inteligente, como se suponía lo era ella, en oposición a mi mamá a la que siempre trataba dejar como lesa. Fue de boca de mi tía que escuché por primera vez la palabra "superdotada". Algo, no sé qué, le hizo pensar a mi tía fea que su hija rubia era más inteligente que la media (y muchísimo más que sus primos) y la niña se lo creyó y comenzó a buscar formas de constatarlo, estrategias que combinaran con la intensa propaganda que mi tía hacía de sus capacidades intelectuales y que mi mamá fingía aceptar con admiración. Creo que fue la primera campaña de marketing viral de la que tengo recuerdo. La pena fue que mi prima entre lo rubia y lo superdotada descuidó su natural tendencia a engordar y ahora es una gorda latina en una universidad gringa en donde es la menos rubia de las rubias, lo que es una pena grande.
Supe de ella hace poco después de años de no verla y debido a los últimos acontecimientos familiares que trajeron una ola de solidaridad pasajera. La historia de mi tía fea y mi prima rubia me ha hecho reflexionar sobre el poder del marketing artesanal: cría fama y échate a dormir.
En gran medida armarse de atributos intangibles depende de una campaña publicitaria a escala que es un trabajo de perseverancia. Con mi amigo DJ solemos escuchar conversaciones ajenas en sitios de ambiente. Charlas de dos personajes que estan manteniendo su primera cita después del polvo y que consisten básicamente en autopromocionarse: "yo soy super sencillo"; "Yo soy super franco, directo, si algo me cae mal lo digo"; "a mi me cargan las cosas a medias"; "me cargan las locas, porque a mi no se me nota ¿nocierto que no se me nota?". Pero definir como quiere uno que lo vean los demás no es un asunto que se improvisa a la rápida después de un revuleque de ocasión. Nop, es una empresa que si tiene éxito, puede marcar el futuro de alguien. Piensen en
Sergio Lagos que ha convencido a tanta gente de que cantar mal y hablar mucho (sin necesidad) es un talento y que se puede ser joven para siempre: la clave es no lavarse el pelo. O a
Leo Marcazzolo, que ha hecho carrera literaria fraguando una personalidad que mezcla elementos de
Violeta Quevedo , Forrest Gump y las
gordas que opera el doctor Vidal en un acto de prestidigitación que iguala la vieja tradición circense de la exhibición del fenómeno (el freak) con eso llamado "buena pluma".
Hay gente que ha hecho de su vida una campaña en torno a una decisión de personalidad-escaparate. Unos navegan con la carátula de la amistad y la buena onda mientras en la trastienda todo se pudre y otros lo hacen convenciendo que su patetismo es ingenio puro y duro. Mi prima al menos era rubia natural, y aunque nunca fue un genio estudia su proteína favorita en una universidad del primer mundo a la que no llegó gracias al marketing de mi tía fea ni una camarilla con poder para convencer de que el emperador pilucho camina vestido. La gorda tiene su gracia, aunque nunca aprendiera a tomar bien los cubiertos.