Yo mandaba mis cartas al polo sur.

Otra cosita. Los 70 de Blondie fueron capilarmente significativos y racialmente explosivos más allá de los Panteras Negras y la popularización del peinado afro. Una pugna que traspasaba los derechos civiles hacia terrenos menos formales, más húmedos. Entre otras cosas ser blanca ---en el sentido anglosajón de la palabra--- era el primer requisito a la hora de buscar un futuro en la bullante industria del porno setentero. Algo de eso rescata la última novedad de editorial Taschen: el libro que recopila la carrera de Vanessa del Río, la primera estrella porno latina de Estados Unidos. Vanessa fue la vanguardia de ese conflicto germinal; la primera celebridad étnica de una industria marcada por la rubia tipo Linda Lovlace. El nuevo ícono era la raíz morena del amarillo oxigenado y el pigmento oscuro en la blancura sexy. El mismo año en que Blondie irrumpía en el under de nueva yorka, Vanessa del Río lo hacía en el mercado del sexo. El porno le debe a ella el concepto de "doble penetración". El siguiente párrafo de una reseña de Maruja Torres de El Pais Semanal lo explica todo: "Nadie ha disfrutado tanto ante una cámara, dejándose penetrar, morder, chupar, lametear, manosear; chupando, mordiendo, lameteando, manoseando ella con un ardor que sólo el verdadero deseo del cuerpo del otro o, en su caso, de los otros, despierta. Fueron 120 filmes en 12 años de carrera, de 1974 a 1986. Se atrevía con todo. Y todos". "Cincuenta años de conducta algo ligera" se llama la biografía ilustrada de Vanessa, una mujer a todas luces generosa.
