sábado, diciembre 22, 2007

Yo mandaba mis cartas al polo sur.



Miss Ringwald y yo les deseamos una feliz Navidad.
¿Es la nieve el signo más agresivo de imperialismo cultural e introyección masiva del deseo de "lo otro"? ¿O es simplemente una manera más de sentirse rubio? Estoy seguro que ustedes también se lo han preguntado. Aquí un regalito


lunes, diciembre 17, 2007

De un modo o de otro


En el documental de Blondie One way or another Debbie Harry confiesa que tiene problemas auditivos que ella atribuyó durante mucho tiempo a mensajes del espacio exterior. Eso me hizo recordar cuando era niño y en clases de Ciencias Naturales pasaron el aparato digestivo. Así supe que era posible tener lombrices viviendo en los intestinos. Supe que las había en grupo o solitarias, conocí la palabra tenia y la manera en que permanecían en la panza. Despué de saberlo comencé a sentir que algo respiraba dentro de mi y que cuando ese algo exhalaba, su aliento tibio y parasitario subía por mi gargante. Era como tener un ángel de la guarda, pero interno, viscoso y acechante. Un tallerín viviente. Pasé semanas con temor a que mi tenia imaginaria se asomara por mi boca y mi caso comenzara una nueva revolución biomédica. Cuando vi en el documental lo que Debbie pensaba de sus problemas de audición me sentí un poco Blondie, que no es lo mismo que sentirse rubia. Esa sensación de guardar un secreto terrible, que cambiará el curso de las cosas de manera definitiva. Ella con sus mensajes galácticos y yo con mi tenia mutante.

Otra cosita. Los 70 de Blondie fueron capilarmente significativos y racialmente explosivos más allá de los Panteras Negras y la popularización del peinado afro. Una pugna que traspasaba los derechos civiles hacia terrenos menos formales, más húmedos. Entre otras cosas ser blanca ---en el sentido anglosajón de la palabra--- era el primer requisito a la hora de buscar un futuro en la bullante industria del porno setentero. Algo de eso rescata la última novedad de editorial Taschen: el libro que recopila la carrera de Vanessa del Río, la primera estrella porno latina de Estados Unidos. Vanessa fue la vanguardia de ese conflicto germinal; la primera celebridad étnica de una industria marcada por la rubia tipo Linda Lovlace. El nuevo ícono era la raíz morena del amarillo oxigenado y el pigmento oscuro en la blancura sexy. El mismo año en que Blondie irrumpía en el under de nueva yorka, Vanessa del Río lo hacía en el mercado del sexo. El porno le debe a ella el concepto de "doble penetración". El siguiente párrafo de una reseña de Maruja Torres de El Pais Semanal lo explica todo: "Nadie ha disfrutado tanto ante una cámara, dejándose penetrar, morder, chupar, lametear, manosear; chupando, mordiendo, lameteando, manoseando ella con un ardor que sólo el verdadero deseo del cuerpo del otro o, en su caso, de los otros, despierta. Fueron 120 filmes en 12 años de carrera, de 1974 a 1986. Se atrevía con todo. Y todos". "Cincuenta años de conducta algo ligera" se llama la biografía ilustrada de Vanessa, una mujer a todas luces generosa.

domingo, diciembre 09, 2007

Pasos cortos


En Curiyork nadie pasea mascotas. Tener perros es una práctica indoor por lo que mis paseos con Miss Ringwald provocan curiosidad y supongo que algo de envidia. El huaso mira a Miss Ringwald con un dejo de ternura perdida y abandona el estado de mutismo embrutecido clásico de las orillas del Matakito para comentar confianzudamente que el perro le parece elegante. Yo miro y respondo con un orgulloso "gracias" acompañado de información adjunta: "es que es escocesa". Al huaso eso le suena fantástico y me sonríe y yo me alejo por la Montt Sreet que es como una sintesis de Patronato, Calcuta y Curepto todo en cuatro cuadras. Uno es muy de síntesis, muy de mezcla, uno finalmente es quíltrico y telúrico y por eso se siente tan bien con la mascota finasangre que le haga contraste y le sume coquetería al paseo diario. Yo soy muy de caminar. Como mi padre y mi madrecita que suplía el alcance escaso del muslo corto con el paso veloz. El mismo paso que Miss Ringwald y que un servidor que heredó la estatura, la marcha y el humor por lado materno. A pesar de los kilómetros genéticos y paisajísticos de diferencia Miss Ringwald se adaptó muy bien a la forma de vida curiyorkean que uno tiene. Incluso noto en su manera de mirarme con sus ojitos de aceituna lustrosa cierta gratitud por haberle ensanchado el mundo más allá de lo que nunca soñara en sus caninas siestas. Ese universo nuevo que se abre con la exhuberancia de Peña Street y YunGay Lane la meca del downtown de la ciudad de la petit gâteau. Sospecho que mi papá adivina el rumbo cosmopolita de mis ambiciones y el de Miss Ringwald, de los horizontes que galopan a un trote distinto del suyo marcado por una lentitud ancestral. De su manía por comprar herramientas para hacer muebles que nunca termina y agendar su jornada diaria según las comidas de su tortuga Sagrario. Dos hojas de lechuga en la mañana, dos hojas de lechuga en la tarde.
Él me perdona la visita corta. Me mira y me escucha como si tuviera los 7 años que tenía cuando me regaló La Tierra y Sus Recursos y yo de lo puro feliz dormía con ese libro lleno de tablas estadísticas que me fascinaban. Si de él dependiera yo me quedaría a vivir allá, vigilando la alimentación de la tortuga Sagrario y acompañándolo en su sobremesa eterna para recordar a dúo las historias de su mujer de pasitos cortos y ojitos grises que se le fue sin despedirse.