martes, julio 24, 2007

TV (travesti)


Mi parrilla programática es aleatoria, compulsiva, estocástica e imprevisible. Como muchos de ustedes saben nací en un pueblo con un sólo una señal televisiva y esa estrechez seminal me hizo crecer con ansiedad de ver todo y sintonizar de todo. De niño soñaba con que la IRT Color llegara a captar por equivocación alguna transmisión foránea, algo de vida inteligente extranjera (la única posible) que comprobara mi sospecha de que había esperanzas más allá de los comerciales de Calzarte del cine de trasnoche. Adoro la tele como quien adora a la tía solterona que le hace regalos caros. Es amor falso, interesado y fútil, pero es la única clase de amor que se puede tener por algo que no puede pagar cuentas. Por eso veo desde la lucha libre en Chilevisión hasta Los Hombres de Paco en Antena Tres y Little Britain en I Sat. Por eso veía Poject Runway en People and Arts y Absolutely Fabulous en Film and Arts. Por eso también veía Los Roldán en telefe y por eso no veré la adaptación que hizo Mega de la serie que le dio fama continental a Florencia de la V. El personaje travesti que interpretaba la actriz (travesti) argentina en la versión chilena fue literalmente operado, edulcorado y gonadalmente suturado. Alguien supone en nuestro país las transgénero no existen y que es más fácil y verosímil la historia de un hombre que se viste de mujer para conseguir trabajo, que la de un hombre que decide no serlo más. Háblenme de un sólo caso de un hombre que se disfrace de mujer sólo para comer y no lo disfrute el cambio en plenitud. Luciano Cruz Coke no es Bibi Andersen, no es Antonia San Juan, no es Chris Miró, no es Divine y Laiza Roldán (el personaje de Florencia de la V) era un poco ronca, y un pelín carona, pero era mujer-mujer. Dustin Hoffman en plan Tootsie pertenece a una escala evolutiva superada y a un estadio mental que debiera guardarse en el mismo baúl en el que conviven Gabriela Velasco, Cepillín y Pamela Hodar. Es neanderthal televisivo, es involución masiva, es castración mental.

sábado, julio 14, 2007

Mi reina (¿se sirve algo?)


Una vez leí que en la eventualidad de que uno se topara con la Reina Isabel el protocolo exigía no dirigirle la palabra hasta que ella lo hiciera. En el caso de que ella preguntara algo había que responder pero no preguntar de vuelta. No recuerdo muy bien si había detalles sobre como hacer la reverencia para saludar o si era necesario decirle "Su Majestad" o algo por el estilo. El texto era corto, no había más detalles sobre el fascinante mundo de las reglas para tratar con la monarquía. Quedaban en el aire dudas fundamentales como si el trato solo tenía efectos para sus súbditos o si también contaban para el caso de ciudadanos de una República. También dejaba la interrogante sobre la crisis protocolar que significaría un encuentro entre la Duquesa de Alba (quien se supone tiene más títulos que Isabel) y la monarca, un choque que las casas reales de Europa han cautelado evitar por décadas, y que en el caso de producirse daría pie para que un genetista comentara los desastrosos efectos de la endogamia sostenida en la posibilidad de obtener ejemplares humanos estéticamente armónicos (aquí vale una observación, tanto la duquesa de Alba como la Isabel tienen una distancia algo neandertal entre la nariz y la comisura de los labios, el popularmente llamado hocico de mono). Valga decir que mi reflexión surgió a raíz del enojo de Isabel con Annie Leibovitz. La viuda de Susan Sontag intentaba retratar a la Reina. En eso estaba cuando le sugirió quitarse la corona para la foto porque "la capa era....(aquí Annie se supone que iba a decir "extraordinaria", pero antes que dijera palabra la madre de Carlos [ojo otro ejemplar hocico de mono] montó en cólera). La BBC mostró la escena en una sinopsis de un documental sobre Isabel y el resultado es que el director de la estación de televisión está a punto de quedar cesante. Aunque Annie no ha hecho comentarios sobre el incidente uno se puede imaginar que debe ser uno de sus más complejos encargos. Cómo decirle a la reina que se ponga otra cosita --"mire fíjese que el púrpura no es un color que le quede, y la verdad es que su sombrero tampoco le sienta muy bien, tampoco esa faldita y trate de no combinar naranja con rojo que termina pareciendo una fruta ambulante"-- cuando apenas está permitido saludarla.
El desafío de Leibovitz era aun mayor que el de un retratista del siglo XVIII que con algo de inventiva podía darle algo de gracia al desafortunado semblante de los borbones. Damos por descontado que Annie no echaría su fama por la borda fotochopeándole el peinado a la reina. Lo que nos lleva nuevamente a la genética y a los efectos que el poder sostenido durante siglos puede producir en las conductas de las personas. Sospecho que si alguien elaborara algún estudio de neurobiología, midiendo como cambian las secreciones y los estímulos cerebrales en la medida que el entorno resulta más obsecuente y el estatus alcanzado evita la molestia de las críticas constructivas, muchos de los grandes problemas de la humanidad se hubieran evitado. Desde los vestidos de la Reina Isabel, pasando por los zapatos de Imelda Marcos (ojo, acaba de lanzar una colección de moda) llegando a las pataletas de Ricardo Lagos, el traje gris cruzado de Kirchner y los discursos de Chávez . Lo curioso en este último caso es que la variable "monarquía" resulta inocua. Linaje y protocolo ancestral parecen no ser una variable operacional para asumir conductas monárquicas. Podríamos especular, por el momento, que la república es una condición que aun no es asimilada del todo en algunos ejemplares humanos (Lagos también tiene algo del misterioso rasgo hocico de mono)

lunes, julio 02, 2007

A quién le importa


En 1986 el director de la radio Fantástica de Curiyork viajó a España. Un viaje casual al que le sacó provecho trayendo de vuelta discos de grupos de ultramar que no tenían difusión en un Chile atosigado por el rock argentino. Pronto las ondas radiales de aquel pueblo casposo, polvoriento y comatoso tuvieron algo más de color, al menos para mi. La primera vez que escuché a Alaska debió ser verano, porque mi pieza tenía cortinas amarillas, las puertas del closet eran rojas y el recuerdo es anaranjado. Primero fue "Bailando" (que en Chile remedó el grupo Nadie) y después "A quien le importa" (que hace unos años destruyera impunemente Thalía). Mi corresponsal en Madrid --una fanática del pop plástico atrapada en el cuerpo de una rockera dura---me informa que tal como es tradición, el día del Orgullo incluyó la entonación callejera de "A quien le importa", el himno que me hizo tan feliz en aquellos años de adolescencia sofocada. Mi corresponsal me confidencia que se dejó llevar por la pasión del minuto bailando y coreando el tema en un sentido homenaje a mi.
En junio de 2002 murió Carlos Berlanga. Como aquí nadie lo conocía mi duelo fue secreto. Berlanga fue el compositor de "Perlas ensangrentadas", "Ni tú ni ndaie", "A quien le importa" y de versos bailables sublimes como Amor de látex, caucho y goma/Vacaciones en Sodoma.
Finalizando las festividades del Orgullo, Busco Algo Barato le rinde un homenaje a él y a todos los compañeros del crimen nefando que dieron la cara y que transformaron la rabia y la pena en fiesta. Feliz Orgullo para los que siguen en pie, moviendo la tibia y el peroné y para los caídos en la pista desde Moscú a Curiyork, pasando por la Divine y por los chistecitos del machito estúpido con poder que te halla buena gente, pero maricón, o la mina neoprogre que crees que eres algo parecido a una mascota. A no perdonar ni la agresión, ni el menosprecio, ni el desdén dulzón pero igual de chueco.
Parafraseando a Berlanga Me mantendré firme en mis convicciones/ reforzaré mis posiciones.