TV (travesti)

Mi parrilla programática es aleatoria, compulsiva, estocástica e imprevisible. Como muchos de ustedes saben nací en un pueblo con un sólo una señal televisiva y esa estrechez seminal me hizo crecer con ansiedad de ver todo y sintonizar de todo. De niño soñaba con que la IRT Color llegara a captar por equivocación alguna transmisión foránea, algo de vida inteligente extranjera (la única posible) que comprobara mi sospecha de que había esperanzas más allá de los comerciales de Calzarte del cine de trasnoche. Adoro la tele como quien adora a la tía solterona que le hace regalos caros. Es amor falso, interesado y fútil, pero es la única clase de amor que se puede tener por algo que no puede pagar cuentas. Por eso veo desde la lucha libre en Chilevisión hasta Los Hombres de Paco en Antena Tres y Little Britain en I Sat. Por eso veía Poject Runway en People and Arts y Absolutely Fabulous en Film and Arts. Por eso también veía Los Roldán en telefe y por eso no veré la adaptación que hizo Mega de la serie que le dio fama continental a Florencia de la V. El personaje travesti que interpretaba la actriz (travesti) argentina en la versión chilena fue literalmente operado, edulcorado y gonadalmente suturado. Alguien supone en nuestro país las transgénero no existen y que es más fácil y verosímil la historia de un hombre que se viste de mujer para conseguir trabajo, que la de un hombre que decide no serlo más. Háblenme de un sólo caso de un hombre que se disfrace de mujer sólo para comer y no lo disfrute el cambio en plenitud. Luciano Cruz Coke no es Bibi Andersen, no es Antonia San Juan, no es Chris Miró, no es Divine y Laiza Roldán (el personaje de Florencia de la V) era un poco ronca, y un pelín carona, pero era mujer-mujer. Dustin Hoffman en plan Tootsie pertenece a una escala evolutiva superada y a un estadio mental que debiera guardarse en el mismo baúl en el que conviven Gabriela Velasco, Cepillín y Pamela Hodar. Es neanderthal televisivo, es involución masiva, es castración mental.



