Realmente había más gente allá fuera

Queridos Lectores:
Yo los hacía pocos, un grupo minúsculo, íntimo, como un concierto de cámara en una bodega de electrodomésticos descompuestos. Una reunión entre los Se Siente Rubio y un servidor, con la Lectora Asesina tocando el triángulo y Bendito Ravotril leyendo su poesía automática. Teníamos al buen Feña de mánager, alguna visita esporádica de Cara Sucia, incluso sabía de algunos seguidores en Argentina, un tatuador de Madrid que me manda sus diseños manga epidérmico, una brasileña que aprendió castellano con una hija de exiliado en Suecia (Chiquitita tell me the truth) el contrabajista que me odia porque no tolero a Los Tres, ex amantes que no se resignan a olvidarme, el círculo chic de la Media Blog, Javi que sospecho está intentando hackearme, DJ que no cree que tengo el tercer ojo, la Mala Idea que me supone un alma noble, toda esa maravillosa gente que no tiene que almorzar con la familia los domingo y se mantiene a la deriva hasta que suena el teléfono, la fiel Milana, Gato Romano, el señor Pinto que no ve tele (el pobre) y los anónimos que sólo leen. Uno ve letras y no corazones. Menos aun caras. Ustedes, mejor que nadie, saben lo que me incomoda hablar de mi mismo, cómo rehuyo a la vanidad fácil. Cuántas zancadillas le hace mi humildad a mi talento, y todas las barreras que debo superar para llegar a reconocer el seductor atractivo de mi ingenio.
Por eso, esta mañana cuando leí en la prensa escrita la mención a Busco Algo Barato (mi lengua fue deliciosamente descrita y se transcribe la reflexión sobre la dominatrix), sentí que había más gente allá afuera. Aprovechando el hallazgo ¿No sería uno de ustedes tan amable de acercarme un vodka tónica para atemperar el gusto?



