pánico onomástico

La leyenda cuenta que fue la mismísma Maureen Gaultier en medio de una ceremonia de elección de Miss Fausto quien marcó el antes y el después en la historia de los nombres de las Drag Queen de la escena nacional. Maureen (aka Mauro), sabia y visionaria, propuso en el escenario terminar con la hegemonía franco rusa que pobló a Chile de transformistas con apellidos como Molotov, Kissinger y Francois. A partir de esa arenga por las raíces el taconeo bautismal mudó su fantasía europea y se aguachó en el abolengo castellano vasco.
Desde año los linajes del Valle Central veían reverdecer su poderío en el planeta cola con estupendas chicas de entrepierna abultada que echaban mano de sus conocimientos básicos de genealogía criolla y adoptaban apellidos como Osandon, Del Valle, Irarrázabal y y Del Solar. La loca, siempre en reversa, revalorizaba los horrores del clasismo colonial justo cuando el discurso oficial iba para todo lo contrario (leer aquí palabras como "progreso", "modernidad", "meritocracia") A la loca le gusta aspirar, ambicionar, trepar y aferrarse de las minucias más ridículas con tal de ser o parecer MÁS de lo que por lo general SON. Y ese MÄS obviamente no pasa por la movilidad social que da el esfuerzo, sino por los focos que se posan sobre el gesto falso y emplumado de un pasado de lujos que NUNCA existió. ¿Quién puede arrojar el primer peñascaso? Nobody, obvio, porque uno es de la misma raza, más menguado, amortiguado, salpimentado tal vez, pero no menos voraz en cuanto a la vanidad y la SED de reconocimiento. Qué sed, mejor digo HAMBRE, HAMBRUNA, adicción crónica a la pleitesía ajena.
En eso estaba pensando cuando desde la otra esquina apareció él, agitando sus pestañitas cortas, mostrando su sonrisa llena de incisivos y acercándose para comentarme el tiempo, la música, lo fuerte del humo y decirme su nombre. Un nombre con un apellido que yo ya conocía y vaya cómo conocía. Lo peor no es el apellido, sino es el padre, y lo mejor sin duda es el hijo. Cosito más lindo, me dije a mi mismo y salí arrancando porque era tan perfecto que me dio pánico. Ya fuera del antro me llamó por mi nombre a gritos y yo, encarnando a una cenicienta con adidas, sólo atiné a despedirme con un gestito torpe. Seré leso.









