limbo

Trotón y comecalles me lanzo a la vereda a pasear con los audífonos a ver si la marcha me aliviana la angustia. Circulo entre las micros y la gente que está cada vez más descascarada. Uno no es de olvido fácil, y cada dos pasos siente el apretón cardíaco que le anuncia que se viene el recuerdo, y se va, y se viene y se va y entre medio trato de pensar tonteras, como cuánto le pagaran a los pobres giles que agitan banderas de los presidenciables en las esquinas o si las chicas del liceo 7 que se graduaron en la calle serán las mismas de la fuga de gas de hace un tiempo que al final fue una fuga de histeria. El jumper debe ser sexy si eres heterosexual. Tan ajustadito y dificil de sacar. Si otro gallo me hubiera cantado usaría jumper. ¿Habrá drag queens con jumper? No, no es que quiera ser drag, a mi el transformismo no me va. Se acaba una tontera y tengo que echarle mano a otra, porque si no se me viene el recuerdo, y de ahí la angustia, y la pena, y el futuro, y que nadie me quiere, y la lata de siempre. Entonces me agarro de que el Vaticano anuncia el fin del limbo y la posibilidad que toda la acumulación de guaguas finadas sin bautizo puedan acceder al paraíso por vía rápida. Cuánta gente en total será esa. No sé si la demografía celestial sea un tópico de interés para la teología (creo que eso está resuelto con la idea de la comunión de las almas). La iglesia no para de sorprenderme. Primero Goic anunciando a través de la prensa que había confirmado que en Chile no había sacerdotes homosexuales, y después la santa sede dando por finiquitado el limbo, cuando es justamente allí en donde estoy.





