
He estado reflexionando largamente sobre los límites de mis prejuicios, y los prejucios sobre los prejuicios. Ya saben, cosas como "todos los cuicos son tontos" o "nunca sería amigo de un opus". Digamos que uno, dadas las condiciones, va por la vida con un cierto airecillo de progresista, que por supuesto no es la gran cosa. Hace unos días, un chica con cinco años de universidad en el cuerpo y perteneciente al decil con mayor nivel educacional de Chile me preguntó muy seriamente ¿Por qué crees tu que durante el gobierno de pinochet el público de la televisión no le exigía a los noticieros que informaran sobre los abusos?. Inmediatamente la miré: Su pelo rubio, su pálido rostro, su regio chaquetón y delicioso acento de colegio caro me brindaban la suficiente información como para caer en cuenta que tenía dos opciones. La opción dificil era tomarla como un ser vivo inteligente y darle una respuesta formal, con algunos datos que se me ocurrieran en el minuto y una recomendación bibliográfica. La opción más fácil era simplemente sonreirme y contestarle con alguna mordacidad. Obviamente escogí el camino fácil. Tiempo después y en vista que una mujer de situación acomodada decía con algo de sorna en mis narices que había gente que parecía "empleado público", yo reaccioné con prontitud, y sabiendo el desastre emocional que provocaría le dije "Mi padre fue toda su vida empleado público, con su trabajo comí y me eduqué, así que trata de no volver a repetir eso en frente mío", ¿Había necesidad? Ninguna. Ella me cae bien, quizás la minusvalore un poco, y tal vez su voz me produzca en cierta medida un leve dolor de cabeza, pero juzgué que increparla aportaría en algo a su crecimiento espiritual y a aminorar la expresión de su profundo clasismo. Pero no todos mis gestos son correctivos. También me he celebrado en acciones para acortar la brecha de ingresos aumentando en luca y media los honorarios de la señora del aseo, o regalándole una caja de vino a los conserjes de mi edificio. En síntesis, una colección de pequeños guiños que tienden a reafirmar un cierto carácter reivindicativo leve. Nada arriesgado. Bastante hipócrita la verdad. Lamentoso para ser sinceros. Y aquí viene el mea culpa. Hace cuatro años estando yo de visita en Lima intenté matar unas horas muertas zambulléndome en el inquietante mundo de los contactos por internet. Acudí a un cibercafé, me metí a una sala de chat gay y trabé conversación con MankoKapak32. Divertido, tierno, con buena ortografía y bastante entusiasmado con mi descripción y mi condición de chileno (era fanático de Los Prisioneros, veía el festival de viña por cable, ni una palabra sobre el pisco sour). Profesor de historia de profesión, confesaba sus simpatía por la socialdemocracia europea, y me relataba _para mi delicia_ sus actividades militantes en tiempos de universidad. Nos quedamos de juntar. Su decripción (1,80, moreno, macizo, sonrisa simpatica y cabello ensortijado) me despertó la curiosidad y despejó mis dudas ante la posibilidad de encontrarme con un hombre del tipo andino. (He aquí mi primer pecado. El prejuicio étnico facha que funcionó tácitamente en mi cabeza. Indio no. Miren la progre que soy) Bueno, la lección se me vendría encima cuando tomando mi Inka Kola en el lugar pactado por MankoKapac32 veo acercarse un macizo y sonriente hombre NEGRO. Como la noche oscura, como el carbón de Lota, como teléfono ochentero de provincia, como mis pensamientos al cruzarme con los obreros de la construcción. Traté de mantener la calma. Nos saludamos. El inmediatamente retomó la conversación del chat, me habló más de su familia, no escatimaba halagos sobre la ternura de mi rostro, la forma de mis manos y el aleteo de mis pestañas. Yo lo miraba con algo que podría ser descrito como una mueca-simulando-ser-una-simulación-de-sonrisa. Inventé una excusa burda, idiota, que no hizo mella en su amplísimo gesto de profesor bonachón. Me fui. Lo dejé. Me escribió a mi e mail esa noche y la siguiente, y la siguiente. Me decía que realmente le gustó mi conversación, mis puntos de vista y todo el plumaje que exhibo en situaciones como esa. Nunca le respondí. Pura boca de mi.