Escucho voces
Murillo es un doctor. Un psiquiatra que cada dos segundos repite el gesto de arreglarse la chasca canosa que le cae encima de la frente para después llevar la mano al escritorio y acomodar los tres lápices lado de la libreta. El ejercicio es repetitivo. Chasca, lápices, chasca, lápices, chasca lápices. Murillo atiende locos. No desequilibrados de consulta por hora con problemas del tipo me-siento-solo. Locos de verdad, de encierro. Me presentó a una, la Jeannete, esquizofrénica y homicida. Gorda morena y de ojos saltones la Jeannette interrumpe su almuerzo para saludarme con su mano pequeñita y rechocha. Murillo le dice que me cuente "Cuéntale, que él quiere saber". Lo que se supone que quiero saber es cómo mató a la mujer que mató hace dos años pero Murillo evita planteárselo directamente. Ella es más asertiva "¿Quiere que le cuente lo del asesinato?". "Sí eso". "Ahhh". Y Jeanette se lanza. "Resulta que estabamos en unas jaulas (ella y la asesinada eran compañeras de habitación en una pieza de clínica psiquiátrica) y yo estaba siempre pensando cómo salir de la rejas, quería irme volando, pero siempre estaba oscuro y tenía hambre. Pero estaba ella (la asesinada) que se iba de noche (imposible) se iba volando (obviamente imposible) y me miraba con esos ojos y no se callaba entonces una noche (hace el gesto de apretar algo con ambas manos) yo la agarré del cuello y la apreté fuerte y luego solté y se quedó quieta (muerta)". Gracias, muy amable. "Lo que quiera". Y Jeannette vuelve a su mesa a conversar con sus amigas locas (de verdad no de disco). Yo me quedo con Murillo que me comenta que el miedo, la amenaza, hace que la Jeanette alucine y le entren ganas de matar. A veces se le acerca con carita de susto y le dice "usted me da miedo doctor", como quien advierte que ya no está soportando la situación. "Enseguida me dice, doctor, tengo ganas de matarlo". Entonces Murillo le receta una droga que la atonta y la Jeannete se queda tranquilita sin ganas de apretarle el cogote. La Jeanette no me habló de las voces. Pero las escucha. Le da más pudor hablar de las voces que del episodio del estrangulamiento. Las voces le decían que la mujer que mató correteaba por los techos buscando niños para comérselos asados. Murillo trató que me hiciera la confidencia, pero noté que le daba pudor. Las voces son miserias privadas y uno no va a andar ventilándolas. La jeanette se guardó lo de sus voces cahuineras y asesinas. Hay voces más presentables. El caso de Manuel, constructor civil de rancagua que un buen día recibió una orden interna: Ir a barrer una sala en una escuela de Etiopía. Manuel las emprendió al norte a pie y con poca plata en un plan que buscaba invertir el viaje de difusión demográfica en América. Llegar a Perú, seguir por Ecuador, Colombia, centroamérica, EEUU, canadá y Alaska. Cruzar el estrecho de Bering llegar a Rusia y buscar una ruta hacia Africa para agarrar la escoba y dejar impecable la escuela.
No lo dejaron atravesar la frontera con perú así que tuvo que aplicar plan B. Finalmente fue a dar a Brasil en donde lo detuvieron. Todavía tiene pendiente el asunto del aseo. Las historia del psiquiátrico tiene una sorprendente similitud con los relatos del antiguo testamento.


Y el Conde Pátula y su nana gigante, y Linus con su mantita que se parece a mi almohadita que tiene nombre y no la suelto pese a mi edad, y Perpemint Patty que es igual a la Ana y el Capitán Cavernícola que era tan ridiculo como el gran héroe americano y como otro supehéroe de risa que se llama La Garrapata que tiene como escudero una pulga antropomorfa algo obesa y blanca que se llama Arthur. De Fuerza G que yo quería ser el segundo y no el primero, porque el segundo era más atormentado, como Tigro de los Thundercats que definitivamente era más interesante que LeonO porque se lo pasaba más tiempo solo. Charlie y su perro, porque el perro no era mamón y hacía lo que se le venía en gana con ese pájaro ondero de mechas desparramadas que era mejor, mucho mejor que tener de amigo a Odie. Porque a Charlie no le resultaba nada con la niña pelirroja, pese a que trataba y trataba. Y yo trato y trato y voy a terminar mándandome a hacer un suéter amarillo con una franja negra en zigzag en medio.